Jhon Jairo Arias Tascón - Pinina
LOS INICIOS EN EL MUNDO DEL HAMPA
"Los comienzos en el bajo mundo"
Pinina nació en el barrio Lovaina, en Medellín, un sector que durante los años 70 ya cargaba con fama de ser uno de los focos de delincuencia en la ciudad. Calles estrechas, presencia constante de ladrones, expendios ilegales y conflictos entre pandillas marcaban el día a día. En ese entorno, los llamados “combos” no eran una excepción sino parte del paisaje: grupos que controlaban zonas específicas y que reclutaban pelaos casi desde la niñez, enseñándoles a robar, vigilar o incluso matar.
Jhon Jairo Arias Tascón, nacido en una familia de origen muy humilde, fue uno de tantos que comenzaron demasiado jóvenes y se acostumbraron a ver sangre y a cometer delitos, un destino en el que decidió meterse de lleno. Desde robos hasta actividades sicariales, en sus primeros años de adolescencia ya había adquirido el “conocimiento de la calle”, que más adelante sería una combinación letal para el país y una oportunidad dentro del Cartel de Medellín.
Existen varias versiones y testimonios sobre el ingreso de Pinina al cartel y sus actividades previas. Algunas fuentes aseguran que fue miembro de Los Priscos, quienes participaban en robos de carros y otras actividades criminales, liderados por José Rodolfo, D. Ricardo y Armando Prisco, quienes ya eran delincuentes duros antes de entrar a la organización bajo órdenes de Pablo Escobar.
Otras versiones cuentan que dos importantes lugartenientes de Pablo en esa época, conocidos como “El Flaco Calavera” y Jorge Pabón “El Negro Pabón”, fueron quienes lo metieron al cartel. Ambos eran muy reconocidos en Manrique, otro barrio pesado en la zona oriental de Medellín, donde supuestamente escucharon sobre las actividades de Jhon y lo conectaron con Pablo.
La última teoría, contada inicialmente por Popeye y otros miembros de la familia Escobar —aunque su credibilidad puede ser discutida, no todo lo que dicen se puede descartar— señala que cuando Pablo ya estaba creciendo en el bajo mundo, Pinina habría robado el radio de un carro perteneciente al capo.
La información corrió rápido entre los criminales de la zona y lograron ubicar a Pinina. Después de hablar con él y reconocer su origen humilde, Escobar decidió “reclutarlo” para su organización. Según varias versiones, esto ocurrió cuando aún era un adolescente, posiblemente entre los 15 o 16 años, o incluso menos.
De la misma forma, su apodo “Pinina” se cree que viene de una novela protagonizada por la actriz argentina Andrea del Boca, quien interpretaba a un personaje con ese nombre. Se dice que el parecido en sus rasgos fue lo que originó el apodo.
LAS “UNIVERSIDADES” DEL CRIMEN
Antes de profundizar más en el historial de Jhon dentro de la mafia, hay una información clave que es importante mencionar: otro miembro fundamental del cartel, conocido como la mano derecha de Pinina: Fabián Tamayo, alias “Chiruza”.
Aunque se le describe como su segundo al mando, basándome en la información recopilada, se podría decir que estaba prácticamente al mismo nivel que Pinina. Este jefe de sicarios y administrador de una oficina ubicada en Guayabal, manejaba zonas donde en el futuro surgirían otros jefes importantes.
Chiruza administraba una de las oficinas del cartel, un taller mecánico que funcionaba como fachada para reunir múltiples bandas que trabajaban para ellos.
Entre las más conocidas estaban Los Tyson, Pasarela, Cuco Zabala, Enchufe, Pájaro, entre muchos otros.
Tras la muerte de Chiruza, muchos de estos sicarios subieron de rango dentro de la organización, convirtiéndose en figuras clave en futuros atentados. Aun así, Pinina casi siempre era quien daba las órdenes y coordinaba “las vueltas” del cartel.
Las oficinas del Cartel de Medellín eran espacios que podían variar entre bodegas, negocios fachada u otras estructuras utilizadas como centros de planificación de crímenes, pagos y operaciones logísticas.
MONITO: UNA MULTITUD DE DELITOS
A finales de los años 70 y comienzos de los 80, aunque ya existían rumores sobre los negocios turbios de Escobar, gran parte de esto seguía siendo tema del bajo mundo. Sin embargo, con su creciente visibilidad y su incursión en la política, el Cartel de Medellín empezó a ser reconocido públicamente.
La presión del gobierno estadounidense y las investigaciones sobre su pasado dieron inicio a una época extremadamente violenta en Colombia, con una guerra que se extendería durante años.
Jueces, policías, periodistas y muchas otras figuras fueron asesinadas. Pinina es considerado uno de los principales coordinadores de múltiples atentados del cartel, incluyendo asesinatos, secuestros, explosiones y otras actividades terroristas.
A pesar de su origen humilde y falta de educación formal, demostró una gran capacidad para planear y ejecutar operaciones criminales. Su conocimiento del bajo mundo permitió reclutar numerosos sicarios.
También se menciona que Pinina y otros lugartenientes sugirieron poner precio por la cabeza de policías, lo que desató una ola de asesinatos motivados por recompensas económicas.
Muchos delincuentes comenzaron a enriquecerse rápidamente, adquiriendo propiedades, carros y lujos, aunque todo provenía de actividades violentas.
Pinina, a pesar de su apariencia tranquila, era extremadamente violento. Participó en asesinatos, torturas y planificación de ataques. Era además un hombre de total confianza de Pablo Escobar, con quien mantenía comunicación directa.
Controlaba redes de informantes dentro de la policía y el gobierno, y muchos enemigos terminaban asesinados, a veces con mensajes dejados en sus cuerpos.
MURIÓ EN SU LEY
Debido a su perfil bajo, capturarlo fue una tarea extremadamente difícil. Sin embargo, después de múltiples intentos fallidos, la policía logró ubicarlo gracias a información obtenida de personas cercanas.
Pinina vivía en un edificio en El Poblado con su familia. Cuando se dio cuenta del operativo, intentó escapar armado, pero murió en un enfrentamiento con la policía el 13 de junio de 1990.
Al día siguiente, un carro bomba explotó como represalia, dejando más de 100 heridos.
Su muerte fue vista como un golpe importante para el cartel, aunque no logró detener su actividad criminal.
Posteriormente, Escobar ordenó la ejecución de dos de sus propios hombres, creyendo que lo habían traicionado, cuando en realidad fue un error.